Más allá de la aventura: lo que Frieren revela sobre el tiempo y la política de vivir

Frieren funciona como crítica al tiempo cronológico del capitalismo y reivindica el tiempo afectivo, ese que se mide en lo que sentimos, no en lo que producimos.

Frieren: Beyond Journey’s End no empieza con una gran batalla ni con la llamada a una misión heroica. Empieza con el final.

Frieren: Beyond Journey’s End no empieza con una gran batalla ni con la llamada a una misión heroica. Empieza con el final.
El mundo ya fue salvado. Los héroes ya cumplieron su destino. Y lo que queda es el tiempo.
O mejor dicho: lo que hacemos con él cuando la épica termina.

Frieren es una elfa maga que vivirá miles de años. Su paso por el mundo humano es breve, casi accidental. Al lado de sus compañeros de aventura —humanos con vidas finitas— no parece conmoverse. No llora, no se despide. Pero décadas después, cuando esos humanos han muerto y el silencio se instala, comienza a recordar. Y con eso, comienza a sentir.

Este anime es, más que una historia de magia, una meditación sobre el duelo, el recuerdo y la desigualdad temporal. ¿Qué significa vivir mucho cuando los demás viven poco? ¿Cómo se valora un vínculo cuando se mide en años y no en siglos?

El tiempo no es neutral: lo organizan los poderosos

El filósofo Guy Standing lo explica en La política del tiempo: desde la Revolución Industrial, el capitalismo transformó la forma en que usamos y valoramos nuestro tiempo. Lo que antes se llamaba skholé —ese tiempo griego de ocio creativo, reflexión y vida pública— fue desplazado por la actividad laboral, vista como única forma válida de existencia.

Hoy, el trabajo define nuestras identidades. El tiempo libre se vuelve una concesión, no un derecho. Y mientras más vulnerable eres (precariado, mujeres, juventudes), más tiempo te roban: en traslados, cuidados no remunerados, trámites, jornadas dobles.

En Frieren, esta política del tiempo está presente aunque no se nombre. Frieren puede detenerse, contemplar, postergar. Tiene tiempo para cambiar. Sus compañeros humanos, no. Su vida es urgente, limitada, frágil. Por eso aman rápido. Por eso entregan todo. Por eso dejan huella.

Frieren: ¿Quién tiene el tiempo de sentir?

Hay una dimensión profundamente política en la forma en que Frieren retrata el afecto. La elfa, que parece imperturbable, descubre que sí fue tocada por los humanos con los que viajó. Pero ese reconocimiento le llega tarde, con décadas de distancia.
En cambio, para sus antiguos compañeros, cada momento fue definitivo.

Este desequilibrio —entre quien puede esperar y quien no tiene tiempo— es también una metáfora del mundo real. ¿Quién tiene tiempo para llorar, sanar, crear, perderse, pensar?
Solo quien no está sobreviviendo.

En esa lógica, Frieren funciona como crítica al tiempo cronológico del capitalismo y reivindica el tiempo afectivo, ese que se mide en lo que sentimos, no en lo que producimos.

Del tiempo épico al tiempo íntimo

A diferencia de otros animes de aventuras, Frieren elige la pausa. No hay urgencia por derrotar a un villano. Lo que importa es el gesto mínimo: una flor recogida, una carta reencontrada, una emoción que llega tarde.

En ese sentido, se alinea con una corriente estética y política contemporánea que valora la lentitud como forma de resistencia. Pensadores como Byung-Chul Han lo han llamado “la sociedad del cansancio”: una época donde el exceso de actividad nos desgasta sin sentido. Frente a eso, Frieren ofrece un relato de contemplación, en el que la emoción no es espectáculo, sino transformación.

Memoria, duelo y reconfiguración

La historia de Frieren también es un relato sobre la memoria. Cuando ella vuelve a recorrer los mismos caminos que anduvo con sus compañeros, lo que se activa no es la nostalgia, sino una reconfiguración del pasado.
Empieza a ver lo que antes no vio. Empieza a sentir lo que antes no se permitió.

Ese ejercicio es profundamente político. Como lo señaló Hannah Arendt, recordar es un acto de libertad cuando la memoria se convierte en crítica del presente.
Frieren no romantiza el pasado: lo reinterpreta. Y al hacerlo, crece.

¿Qué nos enseña Frieren sobre el tiempo hoy?

En una era marcada por la ansiedad, la urgencia y el burnout generacional, Frieren propone un antídoto:
recordar con pausa, vivir sin prisa, sentir con honestidad.

Porque a veces quienes tienen menos tiempo —como sus compañeros humanos— son quienes más nos cambian.
Y a veces, quienes parecen inmutables, también están aprendiendo a llorar.

¿Y tú? ¿Qué haces con el tiempo que no te dieron?

Deja un comentario