Canciones para romper la rutina: música que incomoda, sacude y detiene el algoritmo

El algoritmo nos conoce tan bien que sabe qué canciones reproducir melodías predecibles, ritmos suaves, letras cómodas. Hay música que no se conforma con ser ambientador de elevador, incomoda, sacude y detiene ese flujo automático por lo ruidoso de sus riffs o lo áspero de sus letras. Son canciones que rompen la rutina. No siempre…


En alguna ocasión, Astor Piazzolla (1921–1992) dijo:
“La música es el arte más directo,
entra por el oído y va al corazón…
Es la lengua universal de la humanidad.”

Pero un día dejé que el algoritmo eligiera por mi y le di play sin pensar, horas después, todo sonaba igual, ritmos seguros, voces suaves. Letras que no decían nada, era música que flotaba como perfume, me di cuenta de que no estaba escuchando solo estaba dejando que sonara.

En esta época de streams y las listas prediseñadas, la música ya no se escucha solo se oye, suena sin pausa, sin atención lista tras lista, beat tras beat, todo medido para no incomodar.

El algoritmo nos conoce tan bien que sabe qué canciones reproducir melodías predecibles, ritmos suaves, letras cómodas que nos dejan en una zona de confort.

¿Y si hiciéramos ruido?

Hay música que no se conforma con ser ambientador de elevador, incomoda, sacude y detiene ese flujo automático por lo ruidoso de sus riffs o lo áspero de sus letras. Son canciones que rompen la rutina. No siempre son fáciles ni cómodas; más bien, son vibraciones intensas que nos hacen parar y sentir. No quieren ser fondo: quieren ser grieta.

El rock crudo, el postpunk rasposo, el noise que nos envuelve en un ruido denso, o la electrónica experimental que desafía toda lógica sonora. Lo incómodo también se baila, y lo hace con actitud, con rabia y con poesía.

De repente entró Backxwash con su grito ritual, Yard Act hablando como si el micrófono le quemara y la Orquesta Akokán golpeando con metales calientes, Brittany Howard preguntando “What now?” como si la pregunta se clavara en el pecho; después, Yves Tumor, Tierra Whack, Death Grips, CeeLo Green en su versión más desbordada. Nada era cómodo, todo era vida.

No siempre es fácil escucharla, pero si la dejas entrar, algo se rompe, y cuando algo se rompe, empieza lo vivo fue como abrir una puerta y encontrarme con música que no pide permiso, música que te agarra del cuello y te dice: “pon atención.” Música que baila desde el borde, que se descompone, que se reconstruye con rabia, con cuerpo, con delirio.

Ruidos que no buscan complacer. Canciones que te obligan a parar.

Hoy, cada vez que quiero romper la rutina, le doy play a esto.

Para volver a sentir.

Para volver a estar.

Para que tiemble algo adentro.

Esta playlist no es para relajar, es para despertar…


@lapaodawan / Paola Sanabria

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