Durante años, hemos escuchado hablar de las “mujeres del proceso”: esas que estuvieron ahí cuando él no tenía nada, las que lo apoyaron en su crisis, lo cuidaron, lo acompañaron… y que, al final, no se quedaron en la historia. Se fueron o las dejaron, pero él sí creció. Él sí maduró. Él sí “llegó”.
Pero, ¿alguna vez nos hemos preguntado por qué nunca hablamos de los hombres del proceso?
El problema de llamarnos “mujeres del proceso”
Nombrarnos así implica que el proceso importante es el suyo, no el nuestro. Nos relega a ser acompañantes, asistentes emocionales, personajes secundarios en una narrativa donde el único que cambia, se transforma y triunfa es él.
Como bien señaló Simone de Beauvoir en El segundo sexo, la cultura patriarcal ha construido al hombre como sujeto universal, mientras a la mujer se la reduce a un “otro” definido en función de él. En el amor, esto se traduce en una idea aún más dolorosa: nosotras estamos ahí para ayudarlo a crecer, aunque eso signifique detener nuestro propio desarrollo.
¿Qué es el “viaje del héroe” y por qué nos atraviesa?
El llamado “viaje del héroe”, teorizado por Joseph Campbell, es una estructura narrativa repetida en mitos, películas y novelas: un hombre recibe una llamada, enfrenta pruebas, se transforma y vuelve al mundo cambiado. Él es el protagonista.
¿Y la mujer? Según el mismo Campbell: “ella no necesita hacer el viaje. Ella es el lugar al que se quiere llegar”.
Esa idea sigue presente: él tiene una historia, nosotras somos el premio, la pausa, el refugio.
La trampa del amor romántico tradicional
Marcela Lagarde llamó a este patrón cautiverio amoroso, y Coral Herrera lo describe como romanticismo patriarcal: nos enseñaron que el amor verdadero es eterno, que hay que aguantar, que si él no está listo, nos toca esperarlo, cuidarlo, formarlo. ¿Y nosotras? ¿Quién nos cuida a nosotras?
Muchas mujeres han vivido este patrón: darlo todo por alguien con la esperanza de un final feliz que no siempre llega. Y si llega, muchas veces no es con ellas.
¿Y si también nosotras tenemos hombres del proceso?
Pensar en los hombres del proceso es cambiar el enfoque. Es reconocer que no fuimos una parada en su historia, sino que ellos también pasaron por la nuestra. También nos enseñaron, nos dolieron, nos empujaron a crecer. Y eso no nos hace fracasadas. Nos hace humanas.
El amor no tiene que durar para siempre para haber sido valioso. También puede ser experiencia, tránsito, ruptura. También puede tener sentido aunque termine.
Recuperar la agencia: dejar de ser su camino y empezar a ser nuestro destino
En lugar de pensar que nosotras fuimos las que los formamos, las que los construimos para “otra”, podemos empezar a pensarnos como las protagonistas de nuestra historia. Como escribió María José Machado: “Debemos ser la mujer proceso de nuestro propio proceso.”
El viaje más importante no es el de ellos. Es el nuestro. Y quien se quede o se vaya, el camino continúa.

Deja un comentario