La salsa no es solo un ritmo que se baila o se canta: es una experiencia que se vive con los ojos, el cuerpo y el alma. En el corazón de este movimiento cultural está Izzy Sanabria, “Mr. Salsa”, el puertorriqueño criado en el Bronx que no solo diseñó la imagen de la salsa, sino que la convirtió en un espectáculo vibrante, narrativo y profundamente latino. Como diseñador gráfico, maestro de ceremonias y editor, Sanabria no creó simples portadas de discos: creó un universo visual que dio voz al orgullo latino y resonó desde Nueva York hasta México, Colombia y más allá.
Nacido en Mayagüez, Puerto Rico, en 1939, Israel “Izzy” Sanabria llegó al Bronx con un talento innato para el arte y una pasión por la cultura de su comunidad. De rotulista navideño a director de arte de Fania Records, transformó la estética de la salsa con portadas que eran pósters de disidencia, cómics de barrio y collages de identidad. Creó para artistas como Johnny Pacheco, Ray Barretto, Willie Colón, Héctor Lavoe y Rubén Blades, su trabajo no solo vendía discos: narraba historias de lucha y celebración.
Entre sus creaciones más memorables está La Gran Fuga (1970) de Willie Colón, donde el músico aparece como un fugitivo en un cartel del FBI. La portada, inspirada en los cómics pop y el humor irreverente, fue tan convincente que la abuela de Colón, al verla, temió que su nieto estuviera realmente en problemas con la ley, y hasta el FBI abrió una investigación. Esta anécdota captura el genio de Sanabria: su diseño no solo acompañaba la música, sino que la amplificaba, cruzando la línea entre ficción y realidad. Otra joya es Power de Ray Barretto, donde, influenciado por el surrealismo de Dalí, estilizó a los músicos en el cabello de una figura inspirada en Sansón, simbolizando la fuerza colectiva de la salsa.


Pero el talento de Sanabria no se limitaba al lienzo. Como maestro de ceremonias de los Fania All-Stars, Izzy era el alma de los conciertos que definieron la salsa en los años 70. Micrófono en mano, su carisma y humor mordaz convertían cada show en una experiencia multisensorial. En eventos como el legendario concierto en el Yankee Stadium (1973), Sanabria no solo presentaba a las estrellas, sino que tejía historias, chistes y guiños culturales que conectaban la música con el público. Su presencia escénica hacía que las portadas que diseñaba cobraran vida: el diseño dejaba de ser estático para convertirse en un diálogo rítmico, un performance tan vibrante como un solo de timbal. Sanabria entendía que la salsa no era solo sonido; era un espectáculo total donde la imagen y la voz se entrelazaban.
Más allá del escenario, Sanabria fundó Latin NY Magazine (1973–1985), una publicación en inglés que celebraba la cultura latina urbana y llegó a lectores en Europa, Japón y América Latina. Esta revista, junto con los Latin NY Music Awards (hoy Salsa Awards), consolidó su visión de la salsa como un movimiento global. Como presentador del programa de televisión Salsa, comediante y actor ocasional, fusionó el diseño con la performance, inspirándose en los cómics pop y el surrealismo para crear un arte caótico, colorido y narrativo que desafiaba las estéticas convencionales.

Un eco en América Latina y México
El impacto de Sanabria trasciende Nueva York. En América Latina, su estética ha inspirado a generaciones de diseñadores gráficos, especialmente en el diseño de carteles para festivales y eventos culturales. En México, donde la salsa ha sido abrazada como parte de la rica tapestry musical, los carteles de festivales como el Festival de Salsa de Veracruz o eventos en la Ciudad de México reflejan ecos de la audacia de Sanabria: colores vibrantes, tipografías expresivas y narrativas visuales que capturan la energía de la música latina. Aunque no hay evidencia directa de que Sanabria trabajara en México, su trabajo con Fania Records, distribuido ampliamente en la región, influyó en el diseño de portadas y afiches de salsa y géneros afines, como la cumbia rebajada o el son jarocho en su vertiente moderna. Su enfoque narrativo —usar el diseño para contar historias de resistencia y comunidad— resuena en el arte de carteles mexicanos, que a menudo combinan humor, política y cultura popular, como se ve en los festivales de música o en el arte urbano de ciudades como Guadalajara y Oaxaca. Sanabria abrió un camino para que el diseño latino no solo fuera decorativo, sino un acto de identidad y celebración.

¿Por qué Sanabria importa hoy?
En un mundo donde el diseño gráfico a menudo busca la uniformidad, Sanabria nos enseña a abrazar el caos, el humor y la identidad cultural. Su legado vive en diseñadores latinoamericanos que usan el arte para narrar historias de sus comunidades, desde los carteles de ferias en México hasta las portadas de discos independientes en Colombia. En la era digital, su enfoque híbrido —diseñador, performer, narrador— inspira a creadores que combinan imágenes, videos y performance en plataformas como Instagram y TikTok. Sanabria no solo le dio un rostro a la salsa; le dio un cuerpo, una voz, un alma. En un tiempo que a veces exige silencios visuales, su obra nos invita a gritar en clave de son, a diseñar con la misma pasión con la que se baila un guaguancó.
La banda sonora del margen.
@lapaodawan / Paola Sanabria

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